|
|
Enseñanzas¿POR QUÉ SE CREE LO MÁS DIFÍCIL DE CREER?06.11.2007Una de las preguntas que a menudo me hago es la siguiente: ¿por qué el mundo de hoy se va más fácilmente en pos de lo que es más difícil de creer? He escuchado relatos verídicos de personas que deciden quitarse la vida, pues se le ha enseñado que tendrán una nueva vida, una reencarnación gozando de los beneficios de la vida anterior. El resultado es que no han podido aguantar las ganas de saber en qué reencarnarán y se han suicidado. Muchos otros fácilmente se dejan arrastrar por las predicciones y la supuesta influencia de los astros. Día tras día el devoto de esta prédica, lee la prensa con avidez buscando lo que le deparan los astros o las estrellas, como le llaman. Otros, viven su moderno esoterismo. Pues buscan las experiencias que les den su dosis de mística y religiosidad, encontrándose en muchos casos traspasando las puertas del espiritismo y de las prácticas ocultas sin darse cuenta. ¿Por qué la gente se inclina más a creer y aceptar lo que es más difícil de creer? Creo que estamos contemplando cómo el nuevo enfoque en este mundo establece sus líneas y pautas de comportamiento. Observamos la formación de un mundo en el cual se cree menos en la razón y en la lógica; para darle paso a la ilusión, la apertura a los sentidos y a lo satisfactorio. El culto de hoy es irracional en su interior, pues aunque no se entienda nada de lo que se hace, sencillamente satisface. El hombre de hoy no es arreligioso ni antirreligioso; sino que evidencia más aún su religiosidad. Está demostrando que no puede vivir sin ella y que caminará hasta el final tomado de la mano de cualquier creencia que le satisfaga esa necesidad. Es un hombre religioso, pero con tintes nuevos. ¿Por qué estos matices? ¿Por qué estos cambios? Una de las razones es que ya no cree en la razón. Sus explicaciones no le satisfacen, pues piensa que no le ha dado respuestas. La razón no ha podido solucionarle el problema del hambre, de la miseria, de las injusticias. Toda explicación puede sonar lógica y aceptable, pero en el fondo insatisfactoria pues no produce los cambios que se esperan. Por otro lado, el hombre está demostrando una insatisfacción hacia los cánones de fe erigidos por las religiones establecidas. La institucionalidad ha hundido sus tentáculos de inhumanidad en ellas para convertirlas en objetos y metas, y no en medios que puedan ayudar al hombre a creer, a realizarse y a encontrarse definitiva y ciertamente con su Creador, con el Dios verdadero y amoroso revelado en Ciertamente, hoy hay muchas muestras de religiosidad. El hombre de hoy se ha revelado contra las formas, estatutos y camisas de fuerza que las iglesias les imponen; y ha decidido reencausar su religiosidad insatisfecha, hacia el moderno esoterismo lleno e impregnado de una policromía de creencias que se podrían contradecir unas a otras, pero que conviven como si el antagonismo les fuera más bien un contraste que las amalgama. El hombre quiere paz, y sabe que definitivamente no la encontrará en la institución, pues ésta tiene sus guerras santas cotidianas en contra de lo que es herético y falso. Sabe que las instituciones religiosas se han enriquecido, y ellos son cada vez más desposeídos. Esas instituciones no han sido ni voz ni respuesta. Así que, con la lentitud con que se escribe la historia, los capítulos imperceptiblemente se van escribiendo. Hoy entramos a uno nuevo, el capítulo del hombre que no puede vivir sin su religión, o más bien, con su aspecto religioso; y ha salido al encuentro de nuevos caminos, nuevas rutas que le satisfagan, que lo hagan más real. Ese camino lo ha convertido en menos real, pues sabe menos de sí mismo y está más perdido en las ofertas que escucha y que le seducen con un mensaje de nueva espiritualidad, nueva religiosidad. Una religiosidad sin precio, sin disciplinas, sin negaciones y sin culpas. Asistimos a la supuesta muerte de la religiosidad basada en la razón. En la religión sin revelación divina, a menos que ésta sea esotérica y temporal, y que le satisfaga con sus zalameras ofertas de zahorí oportunista. Es la negación de Dios y el cierre de sus puertas a la verdad, porque para el hombre de hoy, cualquier cosa puede ser la verdad, pues ya no cree en lo absoluto, sino en lo relativo y agradable a los sentidos. El mundo de los sentidos, de la belleza, del narcisismo y de lo agradable se ha abierto; y lo espiritual, esotérico y místico han venido a ofrecer sus más jugosas ofertas: “Yo te doy nuevas experiencias”, “tu puedes vivir después de la muerte en un nuevo cuerpo”, “los astros trazan el rumbo de tu vida y tu destino”, “tu puedes ser un dios uniéndote a la energía cósmica”, y otros mensajes que los viejos gurúes orientales con disfraces modernos de occidentalidad, han puesto en el mercado de las demandas y ofertas del delicado y frágil campo de las creencias. La mente es su terreno y el alma es su objetivo. Cautivarlas es lo más importante. Y mientras estén absortas en cómo descifrar los secretos de ese submundo espiritual, la vida se les escapa privándolas de la verdad y de la libertad. ¿Por qué el hombre cree más fácilmente lo que es más difícil de creer? Una pregunta con una respuesta compleja, pero que podemos simplificar de la siguiente manera. Uno, porque por un lado la fe viva no se expone con palabras y con hechos. Dos, porque la gente se niega a seguir creyendo en el hombre, en la ciencia y en sus soluciones. Tres, porque para el hombre las grandes religiones le han fallado y se han constituido en aliadas de la esclavitud, de la explotación y de la mentira. Y cuatro, porque el hombre que no conoce al Dios verdadero, el revelado en No obstante, el asunto no se detiene allí. Hay religiones muy conocidas que están reaccionando. Pareciera que los argumentos del pasado adquirieran nuevos ímpetus. Lo que una vez resultó “cristianizando” lo pagano; hoy se usa como si la ceguera histórica fuera una aliada incondicional. No basta con pensar que lo “cristianizado” simplemente paganizó lo cristiano. Hoy, la religión del status se niega a aceptar sus errores y trata de dar sus versiones místicas. Asistimos a nuevos capítulos de apariciones de vírgenes y de películas que llevan la intención de sembrar un nuevo misticismo religioso. La intención es combatir el fuego con el fuego, lo místico con lo místico, lo esotérico con lo esotérico y les dice: “vengan, pues nosotros también tenemos lo nuestro”. Pero pienso que la verdad es la verdad, y “porque nada podemos contra la verdad sino por la verdad”, ella se abrirá paso a través de la oscuridad aunque ésta última tenga 100 años de espesor. Creer en ella es ser liberado por ella y comprometerse con ella en un mundo que traspasa sus linderos y dice que cualquier cosa puede ser verdad o mentira. El hombre de hoy cree lo más difícil de creer, pues ya no le exige cambios, ni precios. Esta es la nueva expresión de la religiosidad del hombre, es la que prodiga más, la más practicada, la que le ahuyenta la culpa como si fuera un mosquito fastidioso y a la que debe recurrir continuamente, hasta que su conciencia muera y muera también su esperanza. Lic. Eduardo Padrón Otros Articulos
NoticiasPro-TemploActividades OrdinariasAgendaEnseñanzasActividades EspecialesCursosEje de Educación |